
El año pasado ya les escuchaba decirse de una tienda a otra eso de: "a Fulanito le gusta Fulanita", contestado rápidamente por un "a mi no me gusta ese", "ni a mi esa", este último comentario solía venir seguido de un trueno gaseoso. Pero este año, ya las niñas están más espabiladas, y los niños empiezan a quitarse las legañas con forma de Pokemon (aunque aún les queda), y eso hace que ellas salgan de su tienda con cualquier excusa y se metan en la de ellos. Preveo que para el año que viene tengo que guardar alguna botella de vidrio, porque los juegos irán cambiando. Y digo lo de la botella, porque no me atrevo a dejarles una caja de cerillas, no vaya a ser que tengamos que jugar a los bomberos.
24 horas despierto, un vecino montador de tiendas, la paciencia del resto de los vecinos que permiten la acampada, la desconexión del riego automático (fundamental para los padres, para los campistas sería una aventura más), desayuno de chocolate con churros para X niños (tienen que ir ensayando para saber que hacer en fin de año), y la contractura del cuello que me ha aparecido este año, y que me ha cogido cariño, disparada. Pero merece la pena por lo que disfrutan, y porque luego lo cuentan a sus amigos y parece que hubieran viajado al Tibet.
Por cierto, el título es pinguis, porque esa era la manera de decir picnic de mi hija E.
- ¿Papá, nos vamos de pinguis?- Decía
- Tu madre no me deja hacer esas cosas- Le respondía yo
Acampada veraniega anual superada.
2 comentarios:
Madre mía que plan más espantoso. :) Si esa es tu urbanización creo que conozco a unos vecinos tuyos...que miedo.
Es una, o dos veces al año. Con lo que lo tomo como una de las penitencias que tengo que hacer para purgar mis pecados.
Por lo que he comentado en el trabajo no es la única urbanización que lo hace. Eso me alegra. Ya sabes, mal de muchos...
Un abrazo
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