lunes, 24 de diciembre de 2018

YORKMOLE

Llegadas estas fechas se agradecen las recetas de aperitivos, sobre todo si son ricos y sencillos. Este es el caso del Yorkmole, unos canapés sencillos, sabrosos y muy manejables en cuanto a presentaciones.

La sencillez es esencial para no esclavizarte en la cocina en unos días en los que lo que más apetece es disfrutar con tu familia y amigos, y no está reñida con el sabor.

La receta se la debo a Eloisa y se lo agradezco, porque ciertamente es muy buena.

Necesitaréis:

- Jamón York
- Guacamole
- Queso Philadelphia
- Huevas negras y rojas.








Extendemos una loncha de jamón york y untamos un trozo con queso Philadelphia.







Untamos el guacamole encima del queso.








Enrollamos la loncha.








La cortamos en trozos.









Disponemos los trozos en un plato y los salpicamos con las huevas.

Podemos hacer dibujos navideños, colocar los trozos en cucharas de cerámica o disponerlos de cualquier otra forma, a nuestro gusto e imaginación.













Solo me queda desearos una muy Feliz Navidad.





domingo, 25 de noviembre de 2018

TORPAHOR

Algunos piensan que los superhéroes son solo aquellos personajes que se visten con los calzoncillos o las bragas por fuera. Gran error.

Un superhéroe es un personaje cuyas características superan a las del héroe clásico, generalmente con poderes sobrehumanos.

Ejemplos de héroes clásicos son: Robin Hood, El Corsario de Hierro, El Cid Campeador y muchos otros.

Ejemplos de superhéroes son: Supermán, El Increíble Hulk (La Masa en mi época), Batman y Robín, La Mujer Maravilla, and so on. Prácticamente todos ellos creados en los cómics (tebeos-TBO) de los EEUU.

Batman, al igual que el Duende Verde son seres humanos normales a los que la tecnología les proporciona sus armas y defensas. Un exoesqueleto les protege de las balas y otras armas.

La evolución no puede quedarse atrás. El ser humano está en continuo desarrollo, por ello, en España, hemos conseguido crear el superhéroe definitivo, el invencible TORPAHOR.

TORPAHOR está compuesto de cuerpo de patata, huevo y cebolla, y un corazón de queso y jamón York que le aporta esa ternura que necesitan los buenos. Pero no os dejéis engañar, aunque parezca frágil, un exoesqueleto de bacon lo convierte en algo aterrador para el común de los mortales, la mayoría a dieta hoy día o aterrados por el colesterol, y en especial para los del lejano planeta Vega, los Veganos.

TORPAHOR es la abreviatura de Tortilla de Patatas al Horno. Si es devorado se regenera en los hornos de las casas, y solo tiene un enemigo: Homer J. Simpson, que es inmune al colesterol y que únicamente abandona la ingestión cuando cae sin sentido por efecto de la cerveza que ingiere.

Ya tarda MARVEL en incluirlo en los Vengadores, en lugar de la chorrada esa del Shawarma.


Ingredientes:

2 o 3 Patatas (Depende del molde)
3 Huevos
Bacon
Jamón York
Queso (Yo he usado Havarti)
Aceite
Sal








Batimos los huevos, cortamos la cebolla en juliana, pelamos y cortamos la patata para tortilla, como en la foto.





Freímos la patata y la cebolla. El aceite no debe estar muy caliente.





Agregamos las patatas y la cebolla fritas al huevo batido.






Untamos el molde con aceite y colocamos el bacon como en la foto.





Rellenamos el molde hasta la mitad con la mezcla de huevo con patatas y cebolla.





Colocamos una loncha de queso y una de Jamón York.





Rellenamos el resto del molde con el huevo batido con patatas y cebolla.





Doblamos la parte de bacon que sobresale para cubrirlo todo.




Calentamos el horno a 200º unos 10 minutos. Luego introducimos el molde y lo sacamos cuando el huevo haya cuajado.




Solo resta servir e intentar vencerle.





domingo, 18 de noviembre de 2018

GUISO DE PATATAS CON ALMEJAS Y ACEITUNAS

Grandes guisos de ayer y hoy presenta: "Las papas con almejas y aceitunas"

Esta comida nos la hacía mi madre cuando éramos pequeños, y me encantaba, o creo que me encantaba. Quizás en aquella época mi madre tenía que pelear conmigo para que me la comiera. ¡Niños!

Es curioso, pero creo que las mejores recetas surgen en épocas de crisis, donde se aprovecha todo y la creatividad surge de la necesidad. No sé si esta receta fue creada en esas circunstancias, pero por su simpleza tiene muchas probabilidades. Fácil, alimenta, aprovecha la despensa y calienta en épocas de frío.

Hoy día, en nuestra sociedad no sufrimos esas necesidades, por eso tenemos que reinventar la cocina a base de deconstruir tortillas de patatas, poner nombres rimbombantes a platos ya existentes, crear espectáculos visuales para acompañar las comidas y toda la parafernalia que rodea la cocina de hoy.

Dichoso aquél que encuentre un restaurante en un pueblo perdido donde le sirvan un buen plato de comida casera, porque el encontrará el punto G del gusto.



Ingredientes:


1 o 2 Kilos de almejas (Chirlas en este caso, pero valen otras)
3 o 4 Patatas
1 Pimiento verde
1 Bolsa de aceitunas sin hueso
1 Cebolla
1 Par de dientes de ajo
Aceite
Sal







Colocamos las almejas en agua con sal, y se la cambiamos dos o tres veces para que expulsen la arena que tengan. 

Ponemos un poco de agua a hervir en una olla, le añadimos las almejas, y dejamos que se abran con la olla tapada.







Una vez abiertas, las sacamos a un plato, les quitamos la concha a la mayoría y dejamos algunas con ella.

El caldo lo colamos y lo reservamos.








Pelamos y chascamos las patatas.






Cortamos las aceitunas en rodajas.






Picamos el ajo, el pimiento y la cebolla, y lo sofreímos en la olla.






Añadimos las patatas cuando las verduras estén pochadas y les damos unas vueltas durante 2 minutos.








Agregamos el caldo de cocer las almejas que habíamos reservado. Podemos completar con un poco más de agua si no es suficiente.

Cocemos hasta que las patatas estén listas, unos 20 minutos.







A mitad de cocción de las patatas agregamos las almejas y las aceitunas.







Finalmente, lo servimos en un plato hondo y a comer calentito.










domingo, 4 de noviembre de 2018

CAMINO SCHMIDT Y SIETE PICOS

Hace ya un par de años que mi espalda se resintió de nuevo. Esta vez controlé más la situación puesto que ya conocía los síntomas y los efectos ¡Hay que ver lo que cambia tu actitud cuando conoces el mal que sufres!

El tratamiento a seguir era igualmente conocido, siete años antes lo seguí. En un primer momento reposo, relajantes musculares, fisioterapia y, esta vez, salir y pasear a pesar de los mareos. Esta vez sabía que no me caería redondo, que solo era una sensación de inestabilidad. Más tarde, volver al gimnasio a fortalecer la zona afectada con ejercicios supervisados por una fisioterapeuta, calorcito y crema para relajar la musculatura hasta que esta se acostumbrara.

Llegó el verano y, aunque sabía que la recuperación llevaría su tiempo, la paciencia no es una de mis virtudes, si es que tengo alguna. Así que decidí, en un momento en que nadie miraba, escaparme a Siete Picos, en la sierra de Madrid, para probar si podía caminar durante un buen rato por el monte. Esto es algo que me gusta mucho. La naturaleza es un lugar fantástico.

Así pues, me adentré en el Camino Schmidt intentando seguir una ruta de apenas 9 kilómetros, que subía hasta Siete Picos. Todo fue de maravilla. Un sendero de bajada hasta un riachuelito.








Hasta que llegado un punto la bajada terminó y, como me encontraba bien, decidí continuar con la subida. En un principio no era muy pronunciada, pero en cierto momento alguien inclinó el plano de tal forma que tuve que parar dos veces para subir 200 metros. Era la prueba de que no estaba en una forma física siquiera similar a la de hace un año. Pensé en volver por donde había venido, pero el orgullo y una mente analítica que me decía que, aunque tuviera menos pendiente, tendría que subir la cuesta que bajé al comenzar el paseo, me convencieron de seguir adelante.






La recompensa llegó al alcanzar la cima. llegué a uno de los siete picos que dan nombre a la montaña. Me encontré con otros excursionistas que me indicaron por donde seguir para volver al lugar donde había dejado el coche, y cuales eran los picos más fáciles de subir.

La vista era maravillosa, eso sí, estaba agotado.
















Aún cansado conseguí subir a uno de los picos. Este era de bastante fácil acceso y el espectáculo era digno de las mejores salas de cine.








Continué caminando, en busca del primer pico, que era el más fácil, según me dijo una pareja, y que tenía un punto geodésico.

En el camino pude observar curiosas formaciones rocosas.















Incluso pase por debajo de esta puerta natural.






Finalmente alcance la base del primer pico, pero no pude encontrar la forma de acceder a su cima. Solo vi una manera, pero me parecía algo complicada, y peligrosa, dado mi estado de forma y el cansancio acumulado.

Por fortuna, en este mundo siempre hay gente que aparece cuando la necesitas para echarte una mano. Una familia de Segovia estaba dando un paseo por la zona, algo que según el padre hacían muy a menudo. Él me explicó por donde se subía, que era por donde yo había supuesto, así que le di las gracias y le dije que lo dejaba para otra vez, porque viniendo solo y con lo agotado que estaba no me fiaba de mis fuerzas para encaramarme a la roca que me daba acceso al resto de la subida. Su respuesta me dejó de piedra. 

- Tú no te quedas con el gusto de subir arriba. Subo yo primero, te indico y te ayudo si hace falta. Vengo muchas veces por aquí.

+ Pero le voy a fastidiar el paseo con su familia. Respondí

- Ni mucho menos- Contestaron él y su mujer - ¿Vamos?

Y fuimos. Me indicó el camino, me ayudó en el primer tramo y me pude dar el gustazo de llegar al punto geodésico. Incluso me hizo una foto. 







Bajamos y les di las gracias a él, a su mujer y a su hijo. En el monte la gente se ayuda mucho, quizás es porque estamos lejos de la ciudad, y de sus prisas y atascos.

Continué de regreso hacia el coche, cansado pero contento y feliz. Siempre agrada encontrar gente así.







Pero la aventura no había terminado. Con lo que me había costado subir a esta montaña, de repente miré a mi derecha y vi a unos 30 metros de distancia a estos simpáticos animalitos.






Ni que decir tiene que pensé que si se arrancaban a correr a por mí, mi única opción era marcarme un Don Tancredo, porque no tenía fuerzas para correr.

Gracias a Dios siguieron a lo suyo.

Pesan media tonelada y suben hasta allí tan frescos ¡Tengo que adelgazar!

Continué mi camino de regreso observando más formaciones rocosas extrañas, y encontré la Virgen de las Nieves.















Finalmente avisté el lugar donde había dejado el coche y me dirigí hacia él.






La vista del monte conocido como la Bola del Mundo era grandiosa desde mi posición.











La prueba de mi estado de forma fue prematura, pero no un fracaso. Quizás la realicé demasiado pronto, pero la experiencia en su conjunto fue muy buena. Ejercicio, superación, encuentro con gente encantadora, contacto con la naturaleza y no rendirme.

Ya ha pasado un año desde esto y mi forma física ha mejorado mucho. Lo que demuestra que hay que seguir hacia adelante siempre. Hacia atrás solo para coger carrerilla.