domingo, 2 de abril de 2017

SOLOMILLO A LA INFANTA

Habiendo vuelto por el grupo de cocina de mis actuales compañer@s de trabajo, me sorprendió Lourdes con una receta muy fácil, pero que en un principio me pareció algo arriesgada. No obstante, como no parecía muy difícil, solo tenía que perder un poco de tiempo y un solomillo de pavo, y tenía mucho que ganar: la bronca de mi mujer, porque si salía mal, ésta iba a acojonar al Increíble Hulk, del verde iba a palidecer hasta alcanzar el blanco roto, que no sé lo que es, pero como para discutir que existe.

El caso es que la receta era tan sencilla que podría hacerla una tierna infantita, una infantita de limón. Lo sé, es malísimo el chiste, pero el Club de Tonteriadores, al que pertenezco, me ha premiado varias veces. Tenéis que entenderlo.

La cuestión es que de ahí surgió el nombre de esta receta, que es sencillísima, está buenísima, corroborado por Loren y Elena, mis hijos, y se prepara en poco tiempo.

Las gracias para Lourdes que ha abierto mi cocina al mundo de los refrescos.


Necesitaréis:

1 Solomillo (de cerdo, de pavo,...)
1 Sobre de sopa de cebolla
1 Lata de Fanta de limón (en mi caso es que solo tenía KAS)
Aceite
Sal
Pimienta







Salpimentamos el solomillo.








Ponemos un poco de aceite a calentar en una cacerola.







Sellamos el solomillo. Es decir, lo freímos a fuego fuerte un poco para que se dore por fuera. Devolved todo los sellos a la oficina de correos y a vuestros jefes, que sois capaces de haber estampado "Director General de Canales, Caminos y Puertos. Ministerio de Obras Públicas" en la carne.






A continuación vaciamos la lata de Fanta de limón (o KAS), sobre el solomillo.







Le agregamos el sobre de sopa de cebolla.







Cocinamos durante unos 20 minutos, dependiendo del tipo de carne, en mi caso use pavo.

Si se reduce mucho la salsa, se le puede añadir un poquitín de agua, pero no mucha. Yo tuve que añadirle dos vasos de chupito. Luego me tomé varios más pero con agua-ardiente.

Y obtenemos algo como esto.






Hubiera quedado mejor presentado si no le pongo toda la salsa, pero yo soy de mojar pan.

Está de vicio.

Gracias Lourdes.




domingo, 26 de marzo de 2017

PAPACHEESE

Aquél fue un parto fácil. Una horita corta, como se suele decir. Y lo que más le extrañó al médico fue la ayuda recibida por parte del nasciturus en su evolución hacia recién nacido. No hizo falta ni el cachete, parecía como si supiera que tenía que abrir los pulmones y comenzó a gritar nada más emerger al mundo.

No dejó de darle vueltas al caso mientras lo envolvían en una manta para aislarlo del frío. Tenía la certeza de que el ser que acababa de nacer padecía una enfermedad que le provocaría mucho sufrimiento, y quizás la muerte, por eso encargó que le realizaran un escáner para asegurar su diagnóstico antes de comunicárselo a sus padres. Quería estar seguro, pero sabía que no había posibilidad de error, como confirmó el resultado de la prueba poco después.

Entró en la habitación donde la madre acariciaba a su hijo sobre su regazo. Se detuvo un rato en el dintel de la puerta. La noticia que tenía que dar a los padres no era agradable, ni sencilla de transmitir, ni de asimilar, pero era su obligación. Respiró hondo y expiró.

- Buenas tardes doctor - saludó la feliz madre. Pase.
+ Buenas tardes Mercedes. Juan.
> Doctor.
- Es guapísimo ¿verdad doctor?
+ Ciertamente Mercedes.
> ¿Ocurre algo doctor? Le notó extraño. Aunque quizás sea cansancio. Si es así perdone.
+ No hay nada que perdonar. El parto ha ido muy bien, pero tengo que darles una noticia no muy buena.
-> ¿LE OCURRE ALGO A NUESTRO HIJO?
+ Sí. Se lo diré sin rodeos. Su hijo tiene un tumor en la cabeza.
- ¡NOOOOOoooooooooooo!
> ¿Es muy grave? ¿Se puede hacer algo?
+ Me temo que no. Deberá vivir con él el resto de lo que le quede de vida. Le afectará en sus relaciones sociales, en la comprensión de las actitudes de los que les rodean, en los estudios, prácticamente en todo.
- ¿No va a poder disfrutar de la vida?
+ Sí, sí podrá. Pero tendrá grandes luchas internas.
> ¿Qué clase de tumor es?
+ Cerebro. El tumor se llama cerebro. Algunos niños nacen con él. No mata por si mismo, le provoca un grado de conocimiento y creatividad muy grande, pero le impide ser aceptado por aquellos que no alcanzan el nivel de inteligencia que él va a desarrollar. Será feliz casi siempre, pero no entenderá el comportamiento de aquellos que no lo tienen, y son mayoría. Lo siento, no hay cura para esto.

El médico abandona la habitación, dejando a los padres que asimilen la noticia. Querrán a su hijo, pero sufrirán por él. Este mundo no es perfecto ni justo, pero es el que pisamos.

¿Qué tiene que ver esto con la receta? ¡Y yo que sé! Yo no tengo cerebro de ese.

Ahí va una receta de papacheese.

Necesitaréis:

Patatas
Queso Cheddar
Huevo
Harina
Pimienta
Sal
Aceite de oliva






Pelamos las patatas y las rallamos.






Cortamos el queso Cheddar en taquitos.






Mezclamos la ralladura de patata con el huevo, una cucharada de harina, sal y pimienta.






Cogemos trozos de la masa que nos ha quedado y envolvemos con ella un taquito de queso Cheddar, dándole forma de cilindro.








Los pasamos por la freidora.







Y listos para comer como picoteo, o como acompañante de cualquier plato.









Ni que decir tiene que admite múltiples variaciones, como rellenar de chorizo en lugar de queso, de anchoa,..., de lo que se os ocurra. Todo es probar y ver lo que se puede comer y lo que no volveréis a hacer nunca. Ja ja ja.







domingo, 19 de febrero de 2017

PAN PIZZA

Los correos de mi amigo Antonio siempre son interesantes. Te resume a diario las noticias más destacadas del noticiario del trabajo, del BOE, y todo lo que tenga que ver con nuestro ámbito laboral, lo que supone un gran ahorro de tiempo si tienes mañanas movidas. Pero lo mejor es que de vez en cuando ameniza estos correos con vídeos musicales, de danza, de coña, o de cocina, como en el caso del último que envió y que me descubrió el mundo del PAN PIZZA. Una maravilla, facilísima de hacer, muy versátil y deliciosa.

Este enero pasé de no trabajar en el edificio de Cibeles a no hacerlo en el de Castellana (como ya sabréis la palabra trabajo no aparece en mi diccionario), pero por suerte aún recibo los correos de Antonio, y con ellos mantengo el lazo de unión con mi anterior ubicación, con la buena gente que allí queda y con otros tantos que cambiaron de oficina antes que yo.

La verdad es que cuando miro atrás cada vez que cambio de trabajo, me doy cuenta de que soy un hombre con suerte. En todos los sitios en los que he estado hasta ahora, por mucho trabajo que haya habido (lo había, lo que no quiere decir que yo lo tuviera que sufrir, recordad la falta en mi diccionario), siempre me he encontrado con buena gente que me ha ayudado, que se ha portado genial conmigo, que ha aguantado mis paridas y locuras,..., gente que me ha hecho sentirme bien. Buenos amigos a fin de cuentas.

Este post surge a partir de la receta de Antonio, pero son muchos más los que quedan allí y con los que me he reído: con Toñi y Ana en el banco del marujeo, con Lola que me dio la receta del arroz con carabineros y me reñía por usar la besamel de bote en lugar de hacerla, con Juan el correcaminos en caravana que siempre está de buen humor, con María y sus pollitos, con Julito el travieso, con Pilar batiendo récords de recorrido en silla de oficina, con Javi, Javivi, Enrique, Sergio y Marcos viendo sus piques de coña: quién liga más, qué música te gusta, quién come más,..., discutiendo de cachondeo con Carmen, con la siempre sonriente atención de Ana en secretaría, con Alfonso que marchó a Pio XII, con l@s Pilares de la oficina que me aguantaban en primera línea siempre con alegría, con Julio siendo propietario del SCAN, con Concha que no me daba el teléfono de mi mujer, con Jorge el padrazo, y con tantos otros. Lo dicho soy un hombre con suerte.

Creo que solo nos ha faltado montar un campeonato de bolos en el pasillo, ante la mirada del inventor del Post-it.

Es muy importante reírse en el trabajo, más de lo que algunos pueden llegar a pensar. La risa te libera del estrés y te hace más productivo, o por lo menos curras más a gusto, a mí no me hace producir más porque ya he dicho que no está en mi diccionario y además el médico me lo ha prohibido taxativamente.

Pues eso, que esto empezó con el correo de Antonio, una gran persona con una paciencia infinita, que me hizo llegar el vídeo de esta receta que os transcribo y os recomiendo.

Necesitaréis:

Pan de pueblo cortado en rodajas.
Pimiento
Mozzarella
Salami
Espárragos trigueros
Huevo
Aceite






Cogemos una rodaja de pan y separamos la corteza de la miga sin romperlas.






A continuación cortamos la cebolla en juliana, picamos el pimiento, los espárragos trigueros y el salami.





Batimos un huevo.






Le añadimos un poco de mozzarella al huevo batido y removemos.






Ponemos un poco de aceite en una sarten.






Cuando esté caliente, el aceite, no empecemos ya que es lunes, agregamos los espárragos, el pimiento y la cebolla, y los freímos hasta que estén blandos.






Añadimos el salami unos segundos.







Colocamos la corteza del pan alrededor de los ingredientes fritos.







Agregamos el huevo batido con la mozzarella.








Colocamos la miga en su sitio, y presionamos con una espátula.






Si se nos ha salido un poco del huevo por los bordes lo recortamos.






Freímos con cuidado de que no se nos queme.






Le damos la vuelta para que se tueste el pan por debajo.







Y una vez terminado lo servimos en un plato y nos lo zampamos. Con cuidado que quema.






Esta preparación admite muchas variantes, como cambiar el salami por jamón serrano.





O cambiar los pimientos por tomate y añadirle unas anchoas.





Hay infinidad de combinaciones: sobrasada, berenjenas y calabacín,..., todo lo que se os pueda ocurrir.

Realmente fácil de hacer y delicioso.


Gracias Antonio. Y besos y abrazos para todos en la DAE. A cada uno lo que corresponda. ¡Organización!








viernes, 10 de febrero de 2017

LASAÑA HORTENSIA

Es sábado, y el viernes, no hice compra, con lo que al abrir la nevera tuve que hacer un ejercicio de improvisación para preparar algo de comer con lo que había en ella. Otros se entretienen viendo Son Goku, haciendo sudokus, incluso cuentan que antiguamente los jubiletas se lo pasaban en grande criticando las obras:

- ¡Y a eso le llaman encofrado! En mis tiempos sí que se trabajaba bien y con buenos materiales, no como ahora. Yo sólo me hacía una viga en un par de horas. Ahora los obreros protestan por todo: que si mi cuarto de hora del bocata, que si mi casco y mis botas de seguridad. Así están, que se caen del primer piso y pal otro barrio. Anda que no me he caído veces yo del cuarto piso, pero con la cabeza curtida y tu buen pañuelo con cuatro nudos, aprovechabas para tomar un carajillo y volvías al tajo.

+ Y que lo digas Anselmo. Fíjate esa pared, está pidiendo una mano de llana a gritos, pero los señoritos necesitan un andamio con poleas. Es como si te pusieran un ascensor para darle la mano yeso. Nosotros nos subíamos en una cuerda y un compañero tiraba de ella cuando se lo decías.
Me acuerdo del Púa. Estaba sujetando la cuerda mientras yo trabajaba la pared. Vio cinco duros en el suelo, se agachó a cogerlos, ¡eran cinco duros!, y al soltar la cuerda caí desde el tercer piso sobre él. Los cinco duros de la suerte les llamaba, porque solo se partió las dos piernas y podía seguir trabajando sujetando la cuerda. Que majo era el Púa.

- Sí. Era un cachondo. ¿De qué murió?

+ De un atracón de fabada. Se zampó tres ollas de las de cinco litros. Al médico que le hizo la autopsia tuvieron que ingresarlo en la UCI un mes.

- ¿Por qué?

+ Porque le hizo la autopsia a las cuatro de la tarde, y el Púa era como un reloj para sus cosas, así que incluso muerto se tiró un pedo de los que él llamaba tipo Chernobyl, y el blandengue del médico cayó redondo. Creo que lo jubilaron por insuficiencia respiratoria.

- Las cosas del púa. Ja, ja, ja, ja. Genio y figura.

Esto, que me desvío. Me había quedado mirando la nevera casi vacía y pensando que hacer de comer. Pues eso, observé el material y me decidí por improvisar una especie de lasaña con las placas hechas de hortalizas, y cuando se lo dije a mi hija:

- Voy a hacer Lasaña hortensia.

+ ¿Y eso qué es?

- Una lasaña con las placas hechas hortalizas. Casi mejor le llamo Lasaña de hortalizas.

+ No. Lasaña hortensia mola más.

Y con ese nombre se quedó el experimento, que por cierto resultó estar muy rico.

Os paso la receta.

Necesitaréis:

1 Berenjena
1 Calabacín
1 Cebolla mediana
1 Pimiento de freir
500 gr de carne picada mixta
1 lata de tomate triturado
Medio bote de Besamel (Yo uso Santa Teresa)
Pebrella u Orégano (lo que encontréis más fácilmente)
Queso rallado para gratinar
Aceite
Sal
Azúcar (opcional)

Perdóname Lola. Te aseguro que un día haré la beisamel yo.







Picamos la cebolla y el pimiento. Cortamos en rodajas el calabacín y la berenjena, y le echamos sal a esta última para quitarle el amargor. A los 20 minutos secamos el agüilla que hayan soltado las berenjenas.

Ponemos un poco de aceite en una sartén y pochamos la cebolla.





Antes de que se acabe de pochar añadimos el pimiento.






Cuando se ablanden añadimos la carne picada, que previamente habremos salado.






Una vez esté cocinada la carne agregamos el tomate triturado.






Le ponemos una cucharada de café de azúcar para matar la acidez del tomate.






Le agregamos un poco de sal.






Le añadimos la pebrella (o el orégano)






Lo cocinamos hasta que se reduzca un poco el tomate.

En otra sartén freímos con poco aceite las rodajas de berenjena y las de calabacín. Las sacamos a un plato con papel de cocina para que escurran el aceite sobrante.









Colocamos una capa de rodajas de calabacín en una fuente de pirex, o de barro.







Añadimos la carne con tomate.






Incorporamos las berenjenas.






Lo cubrimos todo con una capa de besamel.






Y añadimos el queso rallado.






Calentamos el horno 10 minutos a 180 grados en modo grill y metemos la fuente.






Cuando se haya gratinado lo sacamos del horno y obtenemos nuestra deliciosa lasaña hortensia.









Un plato muy rico creado con las sobras de la compra, con un nombre surgido de mis tonterías y la aprobación de mi hija.