sábado, 19 de diciembre de 2009

Fin de año. Una odisea en el trabajo.

Hoy hace un día soleado y despejado. Si estuviéramos en junio sería un día perfecto para salir al campo. Pero lo que a través de la ventana es un paraíso, en el exterior es una trampa mortal. La temperatura no alcanza los cuatro grados al mediodía.


Pensando en lo que engañan las apariencias, es como me ha dado por contar la historia que se viene repitiendo Navidad tras Navidad.


Cada año por estas fechas, en mi empresa hay que alcanzar unos objetivos. Algunos trabajan durante el año para no tener que correr al final, pero otros no dan un palo al agua (ni a ninguna otra parte) hasta que se acerca el final del año. Curiosamente son gente muy valorada por los jefes, y algunos considerados imprescindibles. Creo que el motivo es que dedican el tiempo que deberían emplear en usar el canuto para hacer la “O” (no es más difícil lo que tienen que hacer), en dorarle la píldora al jefe y en emitir peroratas de bar, café tras café, sobre como organizarían ellos las cosas para que funcionaran como es debido. Curiosamente no saben usar su aplicación informática, todos los años preguntan lo mismo, y siempre acaba otro haciendo su trabajo porque el jefe necesita que se realice como sea. Mientras, ellos se van pronto a sus comidas de empresa, a seguir impartiendo doctrina. Estos elementos son los “Brown Transfer (BT)”.


Cuando los detecto, aunque sé que al final tendré que terminar haciendo su trabajo por la intercesión de mi jefe, los pongo a parir. Yo me tendré que joder solventando tu inutilidad y cara dura, pero tú te vas a beber un vasito o dos de mi bilis sin rechistar.


Los conozco, y se que vienen a soltar el Marrón cuando les veo realizar las maniobras “Loco Iván” (deben ensayarlas en el videojuego Big Brown Academy). No me pueden ver, pero no tienen más remedio que pasar por la tira, así que deambulan por el pasillo intentando buscar la ayuda de cualquier otro. Agotada esta alternativa, dan vueltas frente a la puerta de mi oficina, buscando fuerzas, o ensayando la pregunta. Me recuerda al baile de las abejas en la colmena (malditos documentales de la 2, me han corrompido el cerebro).


En ese momento se dispara mi sentido arácnido, oigo los pasos, detecto el movimiento, y me siento perseguido, aunque no logre ver todavía al Brown Transfer.

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Se tensan todos los músculos de mi cuerpo (vale, no son los de Stallone, pero son músculos aunque sólo sea por definición médica), se activan todas mis neuronas (las dos a la vez funcionando), mis sentidos se vuelven hipersensibles, y en cuanto detectan algún cambio en el ritmo de los pasos, señal inequívoca de que el BT se dispone a atacar, comienzo las maniobras de evasión.

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Una de esas maniobras es coger el teléfono y simular una conversación de trabajo:


- Sí. Bien. Debes mantener el cash flow y deconstruir el Down Jones.


Intento mantener la conversación hasta cansar al adversario, aunque el Brown Transfer está entrenado para soportar las más terribles torturas con tal de soltar el Marrón y continuar sin hacer nada. Nada excepto interpretar un sólo de flauta para el jefe ¡Perdón!


Tras esto realizo el movimiento de enroque. Me giro hacia el ordenador, y mientras tecleo en la aplicación le digo:


- Perdona un momento. Pero tengo que solucionar esto, porque si lo dejo a medias no pueden seguir en la sección J, y se va todo el proceso a hacer puñetas.


A lo que el BT responde:


- No te preocupes. Tengo tiempo.


No lo vas a tener. Has tenido un año para hacer lo que me vienes a preguntar y no lo has hecho – Pienso para mí, mientras me hierve la sangre -


Finalmente, y tras las dos o tres tazas de bilis mencionadas, el Brown Transfer consigue su objetivo, y a mi sólo me queda la alegría de haberle hecho pasar un mal rato soportando mis reproches y regañinas sin dejarle chistar. Que te regañen siendo mayor de 35 años suele doler bastante, aunque tampoco me quedo satisfecho del todo.


En otras ocasiones me anticipo al BT, y me escabullo de la oficina con alguna excusa, o en algún despiste.


Al regresar, entro con mucho cuidado por si el Brown Transfer sigue allí.

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Pero, como se ve en el vídeo, cuando entro me encuentro que mi oficina ha sido atacada, y tiene montones de papeles encima de la mesa, con notas del jefe diciéndome que ha surgido un problema urgente e imprevisto (el problema se ve venir desde que empieza el año, y es que el BT se toca sus partes, y digo sus partes porque los hay de ambos sexos, no por ser fino) y que tengo que solucionarlo porque hace falta para cerrar el año.

Esto es un final de año en mi empresa. Todos los años se repite la misma historia, y dudo que vaya a cambiar en un futuro próximo. Pero también creo que esto pasa en la mayor parte de los trabajos. Mal de mucho, consuelo de tontos.

Se me olvidaba. A veces les suelto a los BT alguna gracia del tipo: ¡Ostras! ¿Qué has hecho? Eso es ilegal, y el programa está conectado con Hacienda. Además se queda registrado el nombre del usuario que ha introducido los datos. No es verdad, pero mola mogollón ver como empiezan a fibrilar.

Cuidaros de los Brown Transfers, y que la fuerza os acompañe. A ellos que les den por donde amargan los pepinos.

Me ha salido un post maligno, pero me he quedado a gusto. Me estoy pasando al lado oscuro.

5 comentarios:

molinos dijo...

ohhhhhh..me encanta estte giro en el blog..un post maligno..y malvado y terriblemente hostil hacia los de tu curro.

Me gusta ver como mis influencias surten efecto.

El lado oscuro mola todo.

Sebastián Puig dijo...

Los conozco, los conozco. Suelo atraerlos como la miel a las abejas. Pero ya me queda poco, si Dios quiere... Muy bueno, un abrazo.

puerto blázquez dijo...

en mi cole, este año, apoyo a una compañera una hora en la sala de informática. Mi función la define la misma palabra: A P O Y O. Pues... todas las semanas la misma pregunta ¿qué vas a hacer hoy con los niños? Se lo he explicado a voces y en silencio, por delante y por detras. Ya he desistido. ¿Que puedo esperar en un aula de informática de alguien que no sabe poner la arroba? me preparo las clases y ella mira. ¡A ver si aprende! Tengo mis tretas. les cuento a los chavales cosas que la ponen nerviosa por desconocimiento. jeje, en el fondo soy un poquito mala.

hitlodeo dijo...

Moli, cuando terminaba de escribir esto pensaba en poner "me estoy pasando al lado oscuro, se notan las influencias de Moli", pero no lo escribí. Aún así me has leído el pensamiento.
Lo reconozco me he rendido a tus infuencias. Pero es que no sabes la mala leche que me sale al ver a los individuos que describo.
Sí. El lado oscuro mola.
:)

hitlodeo dijo...

Hola Sebas. Sabía que tú conocías a alguno de estos especímenes.

Puerto, lo que me dices corrobora lo que yo pensaba, que este tipo de gente se dan en todos los trabajos. Y di que sí, véngate, ya que se aprovecha, que por lo menos se ponga nerviosa y lo pase mal.
Un abrazo a los dos