domingo, 18 de diciembre de 2016

CALABACÍN MARINO

Como cualquier marino siempre he soñado con aventuras en la mar. Salir a navegar, luchar contra las olas, el viento, la sal seca en los labios, las criaturas marinas desconocidas,...

En uno de estos viajes descubrí que los peces pueden alcanzar velocidades que producen luminiscencia en los surcos que dejan en el mar cuando los persigue un depredador tan simpático como un delfín. La fricción de sus cuerpos con el agua ilumina el mar en la noche. Un espectáculo asombroso y maravilloso para mí, y sin embargo algo terrorífico para las caballas. El mundo es un lugar lleno de contrapuntos.

He vivido algunas aventuras: tormentas en el Mar del Norte, un Huracán en el Atlántico, o tempestades en el Cantábrico y en el Mediterráneo. Nunca aprecié el peligro debido a mi juventud, a mi confianza en la tecnología y en el trabajo de mis compañeros. Cada uno tiene su labor a bordo, y das por supuesto que todos lo harán bien, que no fallarán. En mi caso así ha sucedido, aunque la vida te hace ver que, por bien que todos realicen su labor, algunas veces suceden cosas que creías imposible, pero que ocurren. Este es un proceso que cuando se inicia no se detiene, es el proceso del aprendizaje, del crecimiento, de la maduración, de la adquisición de responsabilidades.

¿A qué viene todo esto? Es culpa de la nostalgia. He estado viendo fotos antiguas, de cuando tenía entre 17 y 25 años. Del siglo pasado. De otra época. De otra vida. De la misma persona, pero envuelta en una funda corporal diferente, muy diferente, de hecho 10 tallas más pequeña.

El mar me gusta. Navegar me gusta. Trabajar en equipo es necesario en estas actividades, y hoy día no sabemos trabajar en equipo, por mucho que se esfuercen en que lo hagamos en el colegio o en los diferentes centros educativos. Como dijo Churchill: "El problema de nuestra época es que los hombres no quieren ser útiles sino importantes".

Hoy día solo se piensa en ser algo.

-Yo quiero ser Presidente del Gobierno, yo Ministro de Economía,...

*Muy bien, y cuando lo consigas ¿qué harás?

- Seré una persona importante.

* Sí. Pero ¿qué harás en ese cargo? ¿Para que te servirá desempeñarlo?

- Porque quiero ser alguien respetado.

* Así no te respetará nadie.

El mar. La mar. Te puedes llevar mejor o peor con tus compañeros, pero son tus compañeros, dependes de ellos y ellos dependen de ti, y todos os ayudaréis porque sois compañeros y os necesitáis, aunque os llevéis fatal.

No es fácil pasar varios días encerrado en un buque, no todo el mundo lo aguanta, pero para aquel al que le gusta es el paraíso, es como una droga, te aísla del mundo hostil, te ofrece un refugio temporal donde tu mente puede expandirse, mirar las estrellas y soñar.

Hoy toca nostalgia, y la mejor manera de curarla es comiendo una receta con productos del mar. Hace mucho tiempo que amarré el barco, así que este es el sucedáneo que puedo permitirme por ahora. Quizás llegue el tiempo en que pueda zarpar de nuevo.

Necesitaréis:

1 Calabacín
1 Cebolla mediana
1 Lata de atún en aceite de oliva
1 Pack de gulas
Queso rallado para gratinar
Tomate frito
Aceite
Sal






Picamos la cebolla






Picamos el atún, al que previamente le habremos escurrido el aceite, y sacaremos las gulas del pack.






Despuntamos el calabacín y lo cortamos en troncos.






Hervimos los trozos hasta que estén blandos, pero no excesivamente.






Los sacamos de la cacerola y los vaciamos.






Picamos la pulpa.






Calentamos un poco de aceite en una sarten y freímos la cebolla unos minutos a fuego bajo, hasta que se poche.






Añadimos la pulpa del calabacín y cocinamos un rato más.






Agregamos sal.







Incorporamos el atún y las gulas, y cocinamos un par de minutos.







Untamos las troncos de calabacín con tomate frito por su interior.






Colocamos los troncos en una fuente para el horno, los rellenamos con la mezcla de la sarten, y le ponemos queso rallado encima.






Los introducimos en el horno a gratinar. Previamente lo habremos encendido 10 minutos a 180 grados.






Una vez observemos que están gratinados los sacaremos y estarán listos para comer.







O para degustar una deliciosa tapa con sabor a mar.









Regado con un buen vino, como haría todo buen marino.


Que lo disfrutéis con buenos vientos.




2 comentarios:

Montse Martínez Ruiz dijo...

Yo también soy de mar, he hecho alguna salida en velero, catamarán y algo más que no recuerdo, pero sin vivir ninguna intrépida aventura así como tu, salidas cortas y ya está, pero sí que es verdad que en un barco se ha de hacer todo en equipo y en un espacio reducido además. Tuve una mala experiencia, pasé miedo y ahora me da yuyu salir a navegar, con bañarme en la playa me conformo.
La receta marinera está estupenda, con las gulas y el atún ¡esos calabacines tienen que estar muy ricos!
Un abrazo.


hitlodeo dijo...

Los calabacines están muy ricos, y además no creo que sea una receta con muchas calorías, con lo que es ideal para después de las fiestas.

El mar tiene que dar respeto, no miedo. Aunque entiendo que acojone en algunas circunstancias, porque no es nuestro medio natural, y cuando se pone bravo tiene una fuerza imparable.

Espero que puedas volver a navegar algún día, eso sí, elige uno en el que esté la mar en calma.

Besos Montse