lunes, 18 de noviembre de 2013

ESCIPIÓN EL AFRICANO. SANTIAGO POSTEGUILLO

Me enganché a las novelas de Santiago Posteguillo con "Los Asesinos del Emperador", y tal fue la adicción en la que me sumió esta poderosa droga que busqué como un poseso más obras de este autor, y claro está, las encontré: "Africanus, el hijo del cónsul", "Las legiones malditas" y "La traición de Roma".

Comencé a principios de agosto con Africanus, y según iba avanzando me iba enganchando más y más. Siempre me engañaba con la típica frase del drogota: esto lo controlo, puedo dejarlo cuando quiera. Pero como he dicho, me engañaba a mi mismo, según me inyectaba dosis de capítulos mi dependencia aumentaba.

Acabé el primer libro y continué con Las Legiones Malditas, y aunque se acabaron las vacaciones, seguí leyendo por las noches en la cama, robándole horas al sueño, aunque debo reconocer que esta costumbre tuvo su inicio en mi más tierna infancia. La lectura antes de dormir tiene un efecto relajante sobre mí, me hace olvidar los problemas diarios y esto es bueno, pero cuando te enganchas a un libro se produce el efecto droga, cada vez necesitas dosis más fuertes, le robas horas al sueño, no quieres dejar de leer pero sabes que tienes que madrugar para ir a trabajar. Esto es lo que me ha sucedido con todos los libros de Santiago Posteguillo.

Ahora que he terminado con la trilogía de Escipión me he quedado con un excelente sabor de boca, pero con un ansia difícil de controlar de comprar "Circo Máximo" y empezar a leerlo. No obstante me he propuesto dejar que pasen unos días para facilitar el regalo de Navidad, y de paso para desintoxicarme un poco.

La historia de Publio Cornelio Escipión y Anibal Barca es apasionante, la narración de Santiago maravillosa, la ambición de Quinto Fabio Máximo y Catón el Viejo, paradigma de políticos en el sentido más peyorativo de la palabra, execrable, tanto que tras su férrea defensa de las virtudes conservadoras romanas, el último tuvo un hijo con una esclava y se casó con ella. Este hijo abriría la línea sucesoria que llevaría hasta Catón el Joven, que participó en conjuras contra otro gran General romano: Julio César. De casta le viene al galgo.

Catón es sinónimo de tesón, era constante y concienzudo, y creó obras como su tratado de agricultura, pero eso no le libera del calificativo de trepa, y de representar la envidia en estado puro.

Catón para mí, tras la apasionante lectura de estas novelas y las posteriores consultas a la enciclopedia, representa el típico político actual, representa el ansia de poder, la envidia enfermiza hacia el que es mejor que él.

Sin embargo, Escipión y Anibal representan al guerrero noble (encuadrado en una época donde la vida se entendía de otra forma, una forma cruel a nuestros ojos), orgullosos también, y que se defienden mejor en el campo de batalla que en las movedizas arenas de un Senado donde las armas son las lenguas afiladas. Estos dos Generales por causa del azar lucharon en bandos contrarios, y acabaron sus días de la misma manera, desterrados de su patria por políticos manipuladores cuando habían dado a sus naciones las mayores victorias de su Historia.

Recomiendo a cualquiera que tenga el valor de retroceder en el tiempo, que coja su gladio, su escudo y su pilum, y se adentre sin miedo entre las páginas de esta trilogía.






2 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Lo de probar a leer un libro y descubrir que tiene droga es algo que puedo constatar yo también. Y a veces es droga de la dura.

No conozco esta trilogía, pero al nombrar a Anibal he recordado que un profesor del colegio nos dijo una vez que el padre de Anibal, Amílcar Barca, murió ahogado en el río Vinalopó, que es el río que pasa por Elche y por Elda (donde yo estudié) Al parecer estaba en una batalla y cayó de espaldas, y por el peso de todas esas cosas de hierro que entonces llevaban encima, no pudo incorporarse y se ahogó. Si será verdad o no, quién sabe pero él lo aseguraba convencido y yo no lo he olvidado.

Saludos!

hitlodeo dijo...

Amilcar Barca fue derribado en combate como te dijo tu profesor, y Anibal estuvo en esa batalla pero no pudo llegar a sacar a su padre inconsciente del río antes de que muriera. Eso es lo que pone el primer libro de la trilogía.

Escipión tuvo más suerte, pudo salvar a su padre de la muerte en una de las batallas contra Anibal.

Fueron vidas paralelas.

Tu profesor tenía razón hasta donde yo sé.