lunes, 22 de diciembre de 2014

POLLO HACIENDO EL GAMBA

No siempre me ha gustado hacer el payaso, de pequeño solo lo hacía en la intimidad, como Aznar lo de hablar catalán. Según he ido creciendo mi cerebro se ha ido corrompiendo y me ha ido dando un poco igual lo que piense la gente, así que he perdido algo la vergüenza, o mejor dicho, la he trasladado, porque a veces los demás sienten vergüenza ajena ¡Qué le vamos a hacer! Alguien tenía que sentirla, así que mejor otro que yo.
 
Tanto es así que he cambiado mis referentes en la vida. De pequeño idolatraba a Gandhi, me encantaban las frases de Gibran Jalil Gibran, aunque reconozco que me entretenía más con las enseñanzas de las Aventuras de Mortadelo y Filemón, o con Makinavaja, esta última es una obra maestra de la sociología por pocos conocida. Aún así mantenía mi espíritu sofista y leía a Bertrand Russell, a Platón, a Aristóteles, a Freud, a Nietzsche, incluso compré un libro de Kierkegaard, no me lo leí, ¡era infumable!.
 
La verdad es que no sé como, pero la lectura me llevó hasta Dostoyevski, a sus Memorias del Subsuelo, y a El Idiota, y todo empezó a cambiar. Mucha gente debería leer el Idiota, es como una autobiografía universal. De ahí salté a Kafka, a Juan José Millás,... Mi locura fue en aumento. Tanto que ahora mi ídolo a seguir es Homer Simpson. Y aunque aún guardo ciertas querencias de mi niñez, como El Principito, no dejan de ser reminiscencias de los inicios de mi locura. Todo se fraguó entonces. Ese fue el momento en que inicié mi camino a la locura, a la utopía descrita por mi contertulio Tomás Moro, y finalmente al hakuna matata de Homer.
 
Pues eso, que la vergüenza la perdí una noche de abril. Y desde entonces me encanta hacer el payaso, hacer reír, que la gente disfrute, que viva contenta. Me encanta dar clases a mi estilo, a lo Club de la Comedia. Me encanta hacer el gamba. La vida es demasiado corta para tomársela muy en serio. Vamos que soy un pollo al que le gusta hacer el gamba. Así que, en cuanto vi esta receta supe que debía hacerla.
 
Necesitaréis:
 
Un pollo troceado.
Gambas (a ser posible frescas, sino valen las congeladas)
1 Diente de ajo
1 Vaso de vino blanco
Tomillo
Pimienta
Aceite
Sal
 
 
 
 



Picamos el diente de ajo.






Ponemos un poco de aceite a calentar en una cazuela.
 



 
 
Doramos un poco el pollo en la cazuela y lo colocamos en una bandeja para el horno, añadiéndole el ajo por encima, y un poco de aceite de oliva.
 
 




Lo metemos en el horno, que previamente habremos precalentado unos 10 minutos a 180 grados, y lo dejamos unos 20 minutos. Después le añadimos el tomillo, las gambas y el vino blanco, y lo dejamos hornearse 10 minutos más.







Solo resta extraerlo, repartirlo en los platos, y devorarlo por hacer el gamba.







Podemos acompañarlo con arroz blanco para tomar una comida sana y sabrosa.






Por cierto, esta receta admite la sustitución del pollo por conejo. No sabía si poner esto último para que no hubiera cachondeo, pero el post habla precisamente de hacer el payaso ¿No?
 
 
 
¡Qué la disfrutéis!



2 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Así que bajo esa apariencia de glorioso cartaginés y hombre serio se esconde un pollo al que le gusta hacer el gamba, ¿eh?

Esa filosofía de intentar que la gente a tu alrededor se ria y lo pase bien es también mi propósito, y si uno tuviera siempre en cuenta lo seria que se pone a veces la vida, intentaría disfrutar más y tomarse con mucho mayor humor las cosas.

Hale, a seguir condimentando todo con ese optimismo!

Un abrazo, Homer, digo Hitlodeo

hitlodeo dijo...

Como dice mi madre: "si te enfadas tienes dos problemas, enfadarte y desenfadarte", así que es mejor no enfadarse siempre que se pueda, vivir feliz y reírse. Y si para ello hay que hacer el payaso, pues se hace y te ríes de ti mismo.
Hay otra frase muy conocida: "No te tomes la vida muy en serio. No saldrás vivo de ella"

Un fuerte abrazo amigo Diablo