domingo, 16 de junio de 2013
POLLO EN SALSA CON PRINCESA
viernes, 19 de marzo de 2010
DÍA DEL PADRE. FATHERS DAY.

Como no podía ser menos, una vez regada la plaza hemos pasado a la cervecita, para acompañar las mollejas y el arroz.
Pero claro, aunque la comida era de las que les gustan a mis hijos, la cara de felicidad absoluta sólo se completó cuando pedimos el "pupurrí de postres". Menuda jartá de dulce.
De aquí nos fuimos a completar la tarde viendo una película en el cine: "Percy Jackson y el ladrón del rayo". Una peli de aventuras para niños. Ellos disfrutaron de lo lindo, y los mayores no lo pasamos mal. Eso sí, los primeros momentos de la película, con el estómago como si me hubiera comido un ñu, me recordaron a los cocodrilos en la tele, a los que la digestión del bicho les lleva 5 días (peazo siesta). Pero hoy no, hoy superpadre aguantó el tipo y vió la peli como un campeón, aunque en algunos momentos estuve a punto de sucumbir al oso que llevo dentro, y ponerme a hibernar.
Finalmente, el balance del día se puede decir que ha sido de sobresaliente. La nota final la ha puesto mi peque, que al irse a dormir me ha dicho:
- Me voy a la cama papá.
- ¿No ibas a ver una peli con tu madre? - le pregunté.
- Es que se me cierran los ojos. Buenas noches papi. Me lo he pasado muy bien.
Después de una semana de culeo en el trabajo, siempre viene bien un día como éste que redime de todos los malos momentos pasados.
Los niños agotan, pero estoy encantado de ser padre. Y aunque en esto no estaréis de acuerdo conmigo, los mios son los mejores del mundo.
Además, no me han regalado el tensiómetro.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Princesa de Oro
jueves, 10 de diciembre de 2009
Enfermera particular
miércoles, 15 de julio de 2009
Pequeños puntos de vista III
Paseando con mi hija por la feria del libro antiguo, se fijó en la imagen de la izquierda y me dijo:- Mira papá un gorro de delfín.
Un casco de guerra antiguo para ella es un gorro de delfín. ¡Cómo cambiamos la forma de ver las cosas al crecer!. Es la evolución natural, tras los palos de la vida, la que nos hacen abandonar el paraíso de la infancia para mostrarnos la realidad con toda su crudeza, y que podamos, si podemos, defendernos y sobrevivir. Pero es una pena.
Hace unos días leí en algún blog, o escuché en la calle algunas críticas contra “El Principito” y, sin embargo, con la de tiempo que hace que leí ese libro, nunca se ha borrado de mi mente la imagen del dibujo que Saint-Exupéry hizo a los seis años, que representaba a una serpiente boa que digería un elefante, y que al preguntar a los adultos todos le decían que era un sombrero. Finalmente, dibujando el interior de la serpiente los adultos lo entendían, pero no le hacían mucho caso a su obra, le decían que estudiase geografía, ciencia que le serviría de mucha ayuda (como el dijo), posteriormente, cuando siendo piloto podía distinguir un país de otro, cosa de “gran ayuda en caso de que uno llegue a encontrarse perdido en la oscuridad de la noche”.
Como dice el mismo autor en la obra mencionada:
“las personas adultas siempre necesitan explicaciones para comprender”
Un gorro de delfín. Salta a la vista.
domingo, 21 de junio de 2009
Vicente Ferrer II
Reconozco que, antes de su muerte, lo que conocía de este personaje era a través de comentarios de mi mujer. Pero a raíz del desenlace final de su existencia, he leído un poco su biografía, y francamente me ha impactado. ¡Aún queda gente con un par!."Llegó a Anantapur (La India) en 1969 (el mismo año que el hombre pisó la Luna), para ayudar a los pobres de los pobres, los "intocables". Lo hizo desde una pequeña casa que le dejó una organización protestante y en la que sólo había una mesa, una silla, una máquina de escribir y un mensaje en la pared: «Espera un milagro». Y lo que pensó nada más leerla: que no había milagro que esperar, que había que salir a buscarlo, que era una locura pero que había que intentarlo.
Mucho antes, en el frente del Ebro, durante la Guerra Civil española, donde luchó sin pegar un solo tiro en el bando republicano, y en las calles de Barcelona, donde nació el 9 de abril de 1920, vio lo primeros intocables de su vida.
El 13 de febrero de 1952 atracó en Bombay, atravesó la Puerta de la India y pisó por primera vez su nueva patria. Sus primeros años en Mammadh, le supuso un auténtico descenso a los infiernos. Supo entonces que tenía que pasar a la acción, que él no había llegado allí para orar, ver y callar. Empezó construyendo con sus manos un pequeño hospital, luego un colegio, después un pozo tras otro hasta que finalmente se puso a repartir trigo con un carro tirado por un par de bueyes. «Nunca les hablaba de Dios, había otras prioridades», se decía y se repetía, y que él no había llegado hasta allí para elevar las estadísticas de bautizos.
En 1969 habían creado RDT (Rural Development Trust o Consorcio para el Desarrollo Rural), el instrumento mágico con el que se puso en marcha la mayor transformación que se recuerda en un estado indio a manos de una organización no gubernamental… y en 1996 vio la luz la Fundación Vicente Ferrer (FVF) y con ella un programa de apadrinamiento de niños que a día de hoy supera ya los 135.000.














