lunes, 30 de noviembre de 2009

Ir de Repente a Kagar

Me envió la imagen un amigo, y me hizo mucha gracia. Lo mejor es que busqué la ruta en la guía de Repsol, y es cierto.

Así que si alguien quiere ir de Repente a Kagar, éste es el camino más corto.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Enderezar el rumbo

Salgo a la calle a pasear y me fijo en cualquier tontería que me llame la atención. Por ejemplo el árbol de arriba.
Me pregunto mientras lo miro si lo que nace torcido muere torcido. Si algo que empezó mal puede recuperarse. Si alguien que escogió el lado oscuro puede reinsertarse (Darth Vader lo hizo).
Este árbol es una prueba de que se puede. No sé si se enderezó el sólo, o si le hizo falta un tutor durante algunos años, pero lo consiguió.
Aún así, cuando crezca más, y aumente el peso de su zona alta, ¿no correrá el riesgo de romper por la base?
¿Es extrapolable esto a los humanos?
Por otra parte me recuerda a mi lordosis cervical, de la que carezco. Y a la rectificación cervical que me esta fastidiando. No siempre lo recto es lo mejor, ni lo correcto.
¿Tiene efectos secundarios la sandía transgénica?, porque me ha salido un post anfetamínico.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

COLORES DE OTOÑO. AUTUM COLOURS

Colores ocres y granates caducos, colores verdes perennes. Los contrastes del Otoño son preciosos.

En la vida hay muchos contrastes maravillosos.

Esta foto coincide en su realización con el post de Molinos "Paseando", una coincidencia que le apunté como comentario y que he programado para el jueves, unos cuantos días después, debido a otros compromisos con otros amigos/as de la red.

martes, 24 de noviembre de 2009

Premio de Simone

No soy muy partidario de los memes, pero hace unos días Simone me remitió un premio, que le agradezco un montón, acompañado de uno. Así que, como me lo paso muy bien leyendo sus post, voy a hacer lo que dice, aunque no lo pasaré a otras diez personas.
Se trata de contar diez cosas honestas de mi. Diez cosas honestas de alguien deshonesto. Todo un reto. Ahí van:
1. Odio que se pasen las páginas de los libros mojándose los dedos con los labios. Esto también es aplicable a utilizar ese gesto para abrir las bolsas del Mercadona. (Aquí está la explicación de mi inutilidad para abrir esas bolsas, y que conste que no me pasa con otros supermercados)
2. Me encantaba "Siete Vidas". No se ha vuelto a hacer una serie como esa en España.
3. Estoy muy orgulloso de mis hijos. Y siempre pienso que les dedico poco tiempo, aunque pase todo el día con ellos.
4. Me produce la misma sensación que rascar una pizarra con un tenedor el oír la palabra "implementar". ¿No se puede decir llevar a cabo, o poner en funcionamiento, o ...?
5. Me gusta trabajar en cosas que me entretengan, y a ser posible en equipo. Pero equipos de verdad. Odio a los trepas y a los "punto pelota".
6. Fui y soy asiduo lector de "Las aventuras de Mortadelo y Filemón". Y eso que en mi infancia las historietas largas venían en fascículos.
No, no venían talladas en piedra. Por si alguno se lo estaba preguntando
7. No entiendo porqué pagamos nuestros complejos con el idioma con nuestros hijos. No estábamos contentos con nuestro sistema de enseñanza de inglés, y a nuestros hijos les hemos metido 8 años más de enseñanza del idioma, pero sin cambiar el sistema.
Además, no me creo que en la época que vivimos no se pueda crear un traductor que te lo pongas en la oreja y te traduzca el idioma de tu interlocutor.
A los filólogos igual no les hace mucha gracia.
8. Me encanta reírme. Me encanta pasarlo bien con el humor, y cuanto más absurdo sea mejor. El humor inteligente también me gusta, pero es un ejercicio muy duro. Igual lo incluyen en el Brain Training.
9. Me gusta nadar, y sobre todo bucear. De pequeño pensaba que era lo más parecido a volar. Ahora también lo pienso.
10. No me gusta conducir (será por eso por lo que no tengo un BMW), aunque no siempre puedo evitarlo.


Gracias por el premio Simone.
Y gracias a todos por vuestras visitas.

lunes, 23 de noviembre de 2009

IBI. El impuesto sobre un bien de primera necesidad


Este post es únicamente para avisar que mañana martes, a las 19:30, hay una manifestación en Majadahonda en contra de las subidas que pretende realizar el equipo de gobierno en el IBI, en los próximos años. Subidas que ya ha empezado a ejecutar desde hace dos años. A mi personalmente me ha supuesto una subida de casi 400 euros en dos años.

Esto es una costumbre que se está extendiendo por todos los ayuntamientos para recaudar. Eso sí, los sueldos de la Administración Local son mucho más altos que los de la del Estado. ¿Porqué si hacen el mismo trabajo?

El IBI no distingue entre ricos y pobres, grava a todos por igual. Sin embargo, todos necesitan un techo donde vivir, siendo éste un derecho constitucional. Y si alguien piensa que alquilar es una solución para no pagar el impuesto, le diré que está defendiendo la propiedad de un bien de primera necesidad en exclusiva para las personas pudientes, que además repercutirán el importe de dicho impuesto en el alquiler.

No es un impuesto justo. Como no es justo la falta de transparencia de los gastos en los que se aplican los fondos públicos. ¿Para cuándo una base de datos donde cualquier persona pueda ver todos los contratos y pagos del Estado y de su localidad, para poder juzgar que están haciendo sus empleados? Porque, no nos olvidemos, todos son empleados nuestros, el Presidente del Gobierno y los alcaldes también.

Cuando dicen: ¡No sabe usted con quien está hablando!, la respuesta es clara: Sí, con mi empleado. Así que tráteme como mínimo con el respeto que yo lo hago con usted, y haga bien su trabajo. Por cierto el sueldo se lo pongo yo, no usted.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Estrés marital. Bricolaging.

La semana pasada empezó a gotear el grifo de la cocina. Se dio cuenta mi mujer.
  • - El grifo gotea - dijo.
  • - ¿Has pedido cita en el pediatra? - contesté distraido.
    - ¿Qué dices? - Preguntó elevando el tono.
    - Nada. Voy a verlo - contesté mientras pensaba que me iba a perder una noche más el episodio de Vaya Semanita.

  • Una vez estudiada la avería. Es decir, una vez terminé de mirar con cara de intriga el grifo moviendo cada cierto tiempo el monomando, emití mi veredicto.

- El monomando pierde agua. Debe ser de una junta, o de otra cosa, y no sé desmontarlo.
- ¿Entonces? - preguntó.
- Propongo cerrar las llaves de los latiguillos cuando no usemos el grifo, y llamar a un fontanero.

Al día siguiente conseguimos el teléfono de un fontanero recomendado por miembros de mi familia, pero antes de llamarlo me encontré con mi hermano pequeño, que es un manitas, y me dijo que el grifo era muy viejo, que me compensaba cambiarlo, y que me podía ahorrar la pasta del fontanero si lo hacía yo, que era igual de fácil que cambiar el teléfono de la ducha.

Lo de manitas a mi hermano le viene, según mi madre, desde pequeño que cuando le regalaban algo, lo primero que hacía era desmontarlo. Pero, volvamos con la historia, porque huelga decir que me convenció, y que me decidí a acometer la tarea. De hecho empecé a elaborar un plan. ¿Para qué necesitaba un plan se preguntarán algunos? Los que se lo hayan preguntado están solteros.

Mi lado oscuro se había adueñado de mi. Y me aposté a esperar mi oportunidad.

El viernes por la tarde mi mujer me preguntó si necesitaba hacer algo el sábado por la mañana, que ella tenía que salir y necesitaba que me encargara de los niños. El plan empezó a tomar forma en mi cerebro.



- Yo sólo necesito salir a por el grifo al Leroy Merlin - dije, cruzando los dedos.

- Vale. Cuando vuelvas salgo yo - dijo mi mujer.

En este momento hice un repaso mental de todo lo que necesitaba: llaves planas, sí; destornillador, sí; suerte, ya veríamos.

Sábado por la mañana.

- Me voy al Leroy (gran bailarín) a por el grifo - grité desde la puerta.

- No quiero ninguno que no sea de la marca Mosquis o Pisquis - me amenazó una voz femenina desde la habitación.

- Ya empezamos

- ¿Qué dices?

- Nada. Que vuelvo pronto.

Entré en el Leroy y me fui directo a la sección de cocinas. Me planté ante el panel de los grifos, y de entre los cientos que allí colgaban no había ninguno de la marca Pisquis. Bien, pensé, la búsqueda se reduce. Había tres modelos de la marca Mosquis. He de confesar que en ese momento ya sabía que la cagaría en la elección, pero más tarde elaboraría una excusa. En estas situaciones se entiende realmente la tortura que sufrían los concursantes del "Un, Dos, Tres".

Mis movimientos fueron rápidos y precisos. Me dirigí a una dependienta y le pregunté por la sección de asesoramiento matrimonial. Me contestó que allí no había nada de eso, me miró con cara extraña y agarró el walkie que le comunicaba con seguridad.
- Verá señorita. Necesito elegir un grifo de cocina de la marca Mosquis, y hay tres modelos, por eso me gustaría contar con un asesor matrimonial, porque la elección del modelo equivocado (cosa que tenía el 100 % de las probabilidades) puede provocar mi tortura psicológica y una crisis matrimonial.
- No tenemos nada de eso aquí - me contestó -, pero puedo decirle las características de cada uno para ayudarle a decidir.
- De acuerdo - le dije -, pero además debo pedirle que me diga cual elegiría usted.
- Está bien. - Aceptó, a la vez que soltaba el walkie al comprender que no era un tipo peligroso, sino un casado inconsciente que se había atrevido a hacer una chapucilla en su casa.
Me aconsejó uno, y creo que le di algo de pena, porque me lo dejó preparado para llegar a casa y colocarlo. Además me dijo todo lo que tenía que hacer, y las cosas con las que tenía que tener cuidado. Un chica encantadora.
Al regresar a casa mi mujer salió al mismo tiempo que yo entraba.
- ¿Qué marca es? - preguntó.
- Mosquis - dije.
- Hasta luego.
Tal como salió pulsé el cronómetro, tenía poco más de una hora para hacerlo mientras ella estaba fuera. En mi cabeza empezó a sonar la música de Misión Imposible.
Llamé a mi hijo L. y le dije que me tenía que ayudar. Que trajera las llaves planas mientras yo vaciaba todo el armario de debajo del fregadero. Había más productos de limpieza que en Mercadona, pero lo conseguí vaciar en cinco minutos. Estábamos en tiempo.
Cerré las llaves de paso, busqué las llaves planas que me hacían falta, la 20 y la 14, y desmonté el grifo viejo. Incluso conseguí evitar que el agua chorreara sobre el mueble.
- Vamos bien L. - le dije mientras me secaba el sudor.
Limpieza del soporte, colocación del nuevo grifo y conexión de los latiguillos. Diez minutos más. Todo iba sobre ruedas.
- Vamos a probar que he puesto cada latiguillo en su sitio. - dije-.
- ¿Para qué? - Preguntó L.
- Para que cuando gire el grifo hacia el rojo salga caliente en lugar de fría.
L. sujetaba el grifo y yo abrí lentamente las llaves de paso. No goteaban, y hacia el rojo salía caliente y hacia el azul salía fría.
- ¡Somos cojonudos! - Grité, liberando adrenalina.
- Que bien papá. Ahora colocamos estas gomas y ya casí está ¿No?
- ¿Qué gomas?. ¡Dios! Soy gilipollas. Hay que desmontarlo y poner esas gomas para volver a montarlo.
Había perdido quince minutos, pero por suerte no estaba mi mujer cerca para restregármelo, y podía trabajar tranquilo. O eso creía yo, porque en ese momento Chispita (mi perra) empezó a ladrarme en la oreja y no paró. ¿Cómo habría conseguido enseñarle a hacer esto? Yo sólo consigo que me dé la pata cuando le doy una galleta.
Finalmente, con la ayuda de mi hijo conseguí completar la tarea, no sin antes pillarme un dedo con una de las tuercas, soportando un estrés que no lo aguantaría ni el broker más duro de Wall Street. Durante todo el tiempo Chispita se mantuvo ladrando a mi lado, incansable, aunque en mi cabeza sonaba música de requiem.
Justo al terminar, pero sin darme tiempo a colocar los productos de limpieza en su sitio, escuché la cerradura de la puerta de la calle. Activé el plan B. Me puse un lápiz en la oreja, y me bajé el chandal un poco para enseñar hucha.
- ¡Hola! - Saludó mi mujer.
- ¡Hola! - Dije sin levantarme ni girarme para que pudiera apreciar mi pose ñapa-sexi - Esto ya está.
- ¿No había otro grifo? - Dijo - No me gusta el cuello de cisne que hace.
- Sí. Cientos. Pero de la marca Mosquis sólo tres. Y lo del cuello de cisne es la moda de este año. Me dijo la dependienta que este año venían así - dije, aplicando la excusa que había elaborado desde el momento que tuve la certeza de que siempre me equivocaría en la elección.
- Pero, fíjate - Insistí- No pierde agua por ninguna junta, cabe la olla debajo, y sale agua caliente y fría.
La debí pillar en horas bajas, porque no insistió más. Agradecí a mi hijo la ayuda. No sólo quería que me ayudara, quería que viera a que se tendría que enfrentar de mayor. Creo que es mi obligación ir enseñándole las cosas de la vida. Todavía es muy pequeño y piensa que el puenting es un deporte de riesgo. Ahora ha visto que al lado del Bicolaging Married, comer escorpiones vivos es un juego de párvulos. Necesité tres valiums y dos whiskies para bajar de las 150 pulsaciones.

Más tarde le expliqué a mi hijo que en el colegio también le preparaban para esto. Sólo tenía que fijarse un poco.

- Es evidente que a tu edad sabes sumar, restar, multiplicar y dividir - le dije -, y que si te dan todo el tiempo que necesites harás bien todas las operaciones combinadas que te pongan. Pero no se trata de aprender a calcular, eso ya lo sabes hacer. Se trata de aprender a hacer una tarea soportando el estrés, para que cuando seas mayor consigas hacer una chapuza casera aprovechando el tiempo en que tu mujer está fuera de casa, o al lado tuyo "apoyándote moralmente".

Espero que mi mujer no lo lea. Por si acaso ya he preparado un saco de dormir en la terraza.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

Especializarse en la sencillez

LA HISTORIADORA (Elizabeth Kostava) es un libro de aventuras, Historia, viajes, vampiros y sociedades secretas. Es muy entretenido, y la historia engancha. Pero no me propongo hacer una crítica ni un resumen, simplemente quiero resaltar dos cosas que me llamaron mucho la atención, y que creo pueden aplicarse en la vida real hoy día.


Cuando Helen habla de su madre, natural de Rumanía, pero que vive en Hungría, la describe como una mujer maravillosa y fascinante pero, al hablar del trabajo que realiza, lo que a ella le produce cierta amargura porque cree que su madre merece algo mejor, a mi me presenta a una mujer de una gran sabiduría, alguien que ha conseguido romper las cadenas de la vanidad estéril que domina nuestros días. Alguien libre. Alguien especializado en la sencillez.


“- Trabaja en un centro cultural del pueblo, llena de papeles, escribe a máquina y prepara café para los alcaldes de ciudades más importantes cuando van de visita. Le he dicho que es un trabajo degradante para alguien de su inteligencia, pero siempre se encoge de hombros y sigue haciéndolo. Mi madre se ha especializado en la sencillez.”


El otro texto del libro que me llamó la atención fue la descripción de las gentes del pueblo búlgaro llamado Dimovo (nombre ficticio) realizada por Paul, uno de los protagonistas, inglés y doctor por Oxford, y que reproduzco a continuación. Debemos tener en cuenta que nos encontramos en el entorno de tiempo de los años sesenta del siglo XX.


“Cuando entramos en la única calle de Dimovo, la gente empezó a salir de las casas y establos para darnos la bienvenida, sobre todo gente mayor, muchos deformados hasta extremos increíbles por años de rudo trabajo, las mujeres con las piernas arqueadas de manera grotesca, los hombres inclinados hacia delante como si fueran cargados siempre con un saco invisible de algo pesado... Sonreían y saludaban...”


¿Cuántos de nosotros, en esta época, podemos especializarnos en la sencillez y sonreír aunque nuestros cuerpos se encuentren deformados por años de rudo trabajo? ¿Cuántos alcanzaremos esa sabiduría y esa felicidad, de saber disfrutar de las cosas? Y eso que los tiempos han cambiado y han hecho la vida más llevadera, ¿o será por eso mismo?

Me ha salido un poco Salvador Gaviota, pero es lo que hay. ¡Ooooohmmmmm!


Hay que disfrutar de las cosas y conseguir que los buenos momentos duren un eón o dos. Me voy a tomar una caña, y os aconsejo hacer lo mismo.