Esta es la primera receta que publico en el blog desde que me he trasladado al nuevo trabajo. Ha sido una semana complicada. Aterrizaje en una pista nueva, traslado de material, configuración de ordenador, ir aprendiendo nuevos procedimientos (son los mismos, pero hechos de otra manera), adecuar la zona de trabajo, y lo que ha resultado más sencillo: conocer y tener una buena primera impresión de mis nuevos compañeros. Esto último se explica porque ya conocía a casi todos.
Aún así cualquier cambio es complicado, pero cuando desembarqué en el nuevo puerto mis dudas y temores se disiparon porque al volver la cabeza hacia atrás, vi mi Prao y la que había sido mi tripulación hasta el momento animándome. Entonces me dije: el Tigre de Malasia no puede tener miedo de nada, y menos con ese apoyo en su barco.
Así que entre este nuevo personaje para mi esquizofrenia, y la afición de mi hija por esta manera de comer mejillones, surgió la receta de los Tigres que hoy os cuento.
Necesitaréis:
0,5 Kg de Mejillones
Pan Rallado
1 huevo
1 Cebolla
1 bote de 0,5 litros de Besamel Santa Teresa (si os gusta más otra, pues la que os guste)
Una tarrina de jamón en taquitos muy pequeños
Aceite
Sal
Lavamos los mejillones, les arrancamos las barbas, y los ponemos a cocer en una cazuela..
Una vez abiertos y cocidos, los sacaremos de la cazuela y extraeremos el bicho de la concha.
Limpiaremos las conchas por dentro y por fuera rascándolas con un cuchillo. No todas, solo unas cuantas.
Picaremos el bicho de los mejillones que habíamos separado.
Picamos la cebolla.
Ponemos aceite a calentar en un cazo.
Pochamos la cebolla.
Añadimos el jamón y lo rehogamos un poco.
A continuación añadimos los mejillones troceados.
Y seguidamente la besamel.
Calentamos el conjunto un poco.
Y continuamos rellenando las conchas de mejillón con la mezcla. Como podéis ver conté con la ayuda especial de mi hija. Supongo que quería que estuvieran hechos cuanto antes.
Una vez rellenas todas las conchas, batimos el huevo, las pasamos por él y las rebozamos en el pan rallado.
A continuación las freímos por tandas.
Las ponemos sobre papel de cocina para que suelten el aceite sobrante.
Y finalmente las colocamos en una fuente para que se conviertan en un placer en las papilas gustativas de mi princesa, o en las vuestras.
Sandokán me ha dicho que os salude de su parte, y que estáis invitados a Mompracem cuando queráis.
Espero que os gusten.

















































