Seguro que habéis oído hablar de la teoría de la navaja de
Ockham: ”Si un fenómeno puede explicarse sin suponer entidad hipotética alguna,
no hay motivo para suponerla. Es decir, siempre debe optarse por una
explicación en términos del menor número posible de causas, factores o
variables”, aunque la versión más conocida es: “En igualdad de condiciones la
explicación más sencilla suele ser la correcta”.
William of Ockham fue un fraile franciscano y filósofo
inglés que, entre otras cosas, estudió la controversia entre los Franciscanos y
el Papado, y concluyó que el Papa Juan XXII era un hereje. Sí, Willy era
bastante macarra. Perdonad que me tome la libertad de llamarle Willy, pero
salíamos juntos haciendo la ruta de los mesones por las noches. Todavía me
acuerdo de aquella frase que siempre decíamos al encontrarnos: ”Mire vuesa
merced que muy mal debe darse la vigilia”. Y mal se daba en cuanto a caza (esto
sigue igual en nuestros días), pero bien en cuanto a las risas proporcionadas
por el licor de Baco.
Como he dicho, Willy tenía un punto macarra, pero era buen
tío. El caso es que siempre llevaba una navaja, por si nos encontrábamos
envueltos en alguna trifulca. Y una noche, celebrando el triunfo de Sir Walter
Nativo en la última justa de la temporada, lo que le proporcionó la copa de
aquel año, unos lacayos de Sir Anthony
Mentero, el perdedor de la justa y segundo de la temporada, se dispusieron a
propinarle unos mamporros a Willy, y este espetó: “La forma más sencilla de zanjar esta
discusión es tirar de faca”. Y de aquí surgió la teoría de la Faca de Okham,
que más tarde los finolis transformaron en la Navaja. Si Willy levantara la
cabeza les metía dos puñalás.
Siguiendo la teoría de mi amigo Willy, la receta de hoy es un postre donde la sencillez es la base de un sabor exquisito.
Necesitaréis:
Naranjas de zumo
Fresas
Azúcar
Exprimimos las naranjas hasta que tengamos suficiente zumo. 1 litro, litro y medio,..., depende del número de personas.
Cortamos las fresas en trozos no muy pequeños.
Agregamos azúcar al zumo de naranja, hasta que esté a nuestro gusto.
Le añadimos las fresas.
Y dejamos que repose un día en la nevera. O, como mínimo, se hacen una noche, y se pueden comer al mediodía siguiente. Deben macerarse las fresas, y mezclar su color y sabor con el del zumo de naranja.
Realmente sencillo, delicioso y apto para todos los públicos.




















































