martes, 30 de julio de 2013

AGUJERO NEGRO

Según la explicación más simple, un agujero negro es una región finita en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, pueda escapar de ella.

¿A qué viene esto? Ahora lo explico.

Llevo varios años yendo al gimnasio, y me suelo pegar unas palizas de un par de horas varias veces a la semana. Cuando acabo mi camiseta acumula suficiente agua, en forma de sudor, para convertir en un vergel el desierto del Sáhara. Y probablemente habré dado varias veces la vuelta al Mundo subido en la elíptica.

El que lea lo anterior estará convencido de que Van Damme a mi lado es un tirillas, y nada más lejos de la realidad. Mi físico se acerca más al de mi admirado Homer Simpson.

Esto es algo incomprensible, salvo que nos apoyemos en las teorías de Stephen Hawking. Aquí empiezan a cobrar sentido estos sucesos paranormales.

La respuesta es más sencilla de lo que en principio se pueda esperar: mi ombligo es un agujero negro. Sí, habéis leído bien. Y no solo me pasa a mí, gran parte de la población tiene este superpoder.

Por más que sude, la masa permanece en mi cuerpo, no se quema, no desaparece, incluso puede llegar a aumentar. Es el paso natural de una Estrella Gigante Roja (mi barriga es bastante grande y algo roja, sobre todo después de una comellada), luego se convierte en una enana blanca (cuando te deshinchas de la cerveza, y cuando me limpio el ombligo), pero no pierdes peso, lo aumentas porque se concentra en menor espacio, y finalmente se transforma en un agujero negro que no deja escapar nada: mollejas, morteruelo, tocino, torreznos, churrasco, fabes, lacón, paella,..., todo es atraído a su interior y nada logra escapar de él.

Así, por mucho que me esfuerce en el gimnasio nada cambiará. Y una vez constatada está realidad científica he decidido quedarme con mi superpoder y abandonar el ejercicio, por lo menos hasta septiembre. Será la demostración empírica de mi teoría. Ya veréis como tengo razón y engordo. Pero no por comer, que eso lo hago todos los días, sino por la brutal fuerza gravitatoria de mi ombligo.

Ya os contaré.




viernes, 26 de julio de 2013

MIGAS DE LA IAIA

Hay muchas maneras de preparar las migas, y la que voy a exponer aquí no es, como ya viene siendo habitual, la más purista, pero es la que conozco, la que nos hacía mi madre de pequeños, y la que les hago yo a mis hijos. Son las Migas de la Iaia (pronunciado Yaya; es lo que pasa cuando tu madre es catalana y no le gusta que le llamen abuela).

La receta es la que he aprendido de ella, pero con un toque personal, y con unas derivadas al final por si alguien quiere experimentar.

Necesitaréis:

Pan duro
6 Dientes de ajo
Aceite
Sal






Partimos el pan en trozos grandes, si podemos, y lo ponemos en remojo para que se ablande.





Una vez ablandado, lo sacamos extrayéndole el agua por el método del estrujamiento bestial. Es decir lo sacamos a puñaos y lo apretamos todo lo que podamos para sacarle la mayor cantidad de agua posible. Ayuda mucho pensar en el pescuezo de algún ser odiado. Este plato lo recomienda la asociación de psiquiatras para reducir el estrés.
 




Una vez estrujado, dejamos el pan en un plato secando un poco.





Ponemos aceite a calentar en una sartén.





Añadimos los dientes de ajo sin pelar, y los sofreímos un poco (2 o 3 minutos).





A continuación agregamos las migas, que como vemos son unas pelotas grandes. Si alguien se siente incómodo puede hacerlas más pequeñas.





Aquí empieza la parte trabajosa. Se trata de ir friendo las migas, y según se van secando las vamos machacando con un tenedor de madera para que se vayan deshaciendo. Al principio, partiendo las pelotas (de pan, nada de violencia gratuita) conseguimos una especie de masa, pero poco a poco vamos separando esa masa en porciones cada vez más pequeñas.


















Y después de unos 30 minutos obtenemos el resultado de abajo. Yo las pongo encima de papel de cocina para que absorba el aceite, y les echo la sal.

El terminarlas más grandes o más pequeñas depende del gusto de cada uno. Si quieres puedes terminar antes con unas migas más grandes y esponjosas, pero a mí me gustan pequeñitas y crujientes. Vamos que más que migas son micro tostadas, o deconstrucción de tosta de pan con ajo, como se diría en los círculos de la alta cocina. 





Las migas son un acompañamiento ideal para los huevos fritos, la chistorra y la butifarra.






Y también se pueden completar sofriéndolas unos segundos en el jugo de freír la chistorra, con lo que cogen su sabor y color.








Finalmente, aunque no se debe jugar con la comida, si tienes niños, puedes hacer caras o cualquier otro dibujo. Por ejemplo a mi me salió algo parecido a Coco (el de Barrio Sésamo).








El ajo se suele separar, pero al que le guste se lo puede comer. Está bastante rico así tostadito.





lunes, 22 de julio de 2013

LOS ASESINOS DEL EMPERADOR


Hace ya bastante tiempo que no hablo de un libro en este blog, y tras perder bastantes meses en leer "50 sombras de Grey", libro que es una historia de amor aderezado con un poco de sexo vainilla y mucha propaganda para escandalizar y vender. Una versión porno de Danielle Steel, o como dice mi cuñada una versión porno de Crepúsculo. Francamente no me ha gustado, ni me ha sorprendido, ni me ha escandalizado. Será por mi edad, o por mi depravada mente. No lo sé. El por qué he tardado tanto en leerlo es porque no me ha enganchado y me costaba ponerme a leer, y porque,..., bueno esto es algo que solo los hombres comprenderán.

Sin embargo, mi hermano y mi cuñada me regalaron en Navidad un libro de 1200 páginas: "Los asesinos del Emperador". Recuerdo que mientras les daba las gracias pensaba que con unos pocos más de estos se levantaron las pirámides de Egipto. Pero cuando terminé con Grey, y decidí que no me leería el segundo libro de la saga, comencé con éste, aunque sin ninguna convicción.

El enganche fue total. Dudo que la metadona hubiera podido ayudarme. Tenía que inyectarme hasta la última gota del libro.

He flipado con la vida de Marco Ulpio Trajano, tanto la del padre como la del hijo, que fue el primer emperador hispano, que además era homosexual, y que fue uno de los Emperadores más respetados de Roma. He alucinado con la recreación de la historia de Roma, sus guerras, sus luchas en las fronteras del norte, sus gladiadores, sus conjuras, sus tiranos,...He vivido en la Roma de Trajano.

He descubierto cosas que desconocía, lo que no es muy difícil, lo reconozco, pero me hace muy feliz saber que la "siesta" viene de la "hora sexta", que equivalía al mediodía, ya que el día romano tenía doce horas. O que, y esto hará especialmente feliz a mi amigo JuanRa, el número 666 se asocia con la Bestia debido a que el Apocalipsis, que se atribuye a San Juan Evangelista, fue escrito en esta época, y que puede obedecer a dos teorías diferentes según fuera escrito en latín o en griego:

- Si fue escrito en latín en tiempos del Emperador Domiciano, 666 es DCLXVI, coincidiendo esta combinación con las iniciales de: DOMITIANUS CAESAR LEGATOS XTI-VILITER INTERFECIT (EL CÉSAR DOMICIANO MATÓ VILMENTE A LOS ENVIADOS DE CRISTO)

- Si fue escrito en griego en tiempos del Emperador Nerón, cada letra del alfabeto griego tiene un valor numérico, y sumando las letras en griego de "Nerón César", el valor sería 666.

Hay más, como por qué se llaman julio y agosto ciertos meses del año,...Que le vamos a hacer mi incultura llega muy lejos.

Recomiendo la lectura de este maravilloso libro que, aún contando con unas 1200 páginas, me ha llevado poco menos de tres semanas leer. Y sin estar de vacaciones. Y lo recomiendo porque no solo te encontrarás en medio de la antigua Roma, sino que te encontrarás con las mismas situaciones, conjuras, espectáculos,..., con las que te encuentras a diario. Más de 2000 años y solo hemos cambiado en lo accesorio.

Gracias a Santiago Posteguillo por una gran novela histórica.


viernes, 19 de julio de 2013

MARMITAKO

Mis primeras andanzas entre los fogones se produjeron en mi más tierna infancia, a la edad de 12 años aproximadamente. He dicho fogones y en realidad era fuego y campingaz (campingas decíamos nosotros). Fue mi etapa en los Scouts la que me enseñó a prepararme leche caliente con arena en el fuego, a freír un filete, a freír una salchicha, y a que no debe tirarse desde muy alto por miedo a que te salpique el aceite porque la llamarada resultante es más peligrosa aún,...

No fue una mala experiencia, primero los Lobatos, y luego los Scouts. Hacíamos marchas, campamentos de verano, de invierno, normalmente en la Sierra de Cazorla, algunos de 15 días. Dormíamos en tiendas de campaña, en vivacs hechos por nosotros, o a la intemperie. Estuvo muy bien y me sirvió para, muchos años después, saber sobrevivir sin que nadie me hiciera la comida.

Más tarde, en un período de un mes entre dos trabajos, cogí un libro de recetas y me planteé el reto de hacer una que no fuera sencilla, o por lo menos que entrañara alguna dificultad, o lo pareciera. Y encontré la receta del Marmitako, y no me salió mal. La receta dice que debe hacerse en cazuela de barro, pero como yo no tenía una cazuela de barro del tamaño necesario, utilicé una olla vulgaris. Y esta es la receta que os plasmo hoy en el blog.

Necesitaréis los siguientes ingredientes:

700 gr de bonito
1 Kg de patatas
1 Lata de pimiento rojo
1 Cebolla
2 Tomates
1 puñado de Guisantes
2 Dientes de Ajo
1 Hoja de laurel
2 Ramas de perejil
1 Pastilla de caldo de pescado
1 Guindilla
Aceite
Sal






Troceamos el bonito en dados de unos dos centímetros.





La receta original dice que se cortan las patatas en rodajas, aunque yo las he chascado, es decir, las he cortado y antes de cortarlas del todo das un tirón y las rompes. Con esta técnica consigues que el caldo se espese con el almidón de la propia patata.





Cortamos el pimiento en cuadraditos. Todo muy geométrico.




Picamos el ajo y el perejil y lo ponemos en el mortero con un poco de sal.





Picamos la pastilla de caldo. ¡Qué nadie la esnife, que no es para eso! 





Pelamos los tomates, les quitamos las pepitas, y los picamos. Para pelarlos hay un truco que es darles un chapuzón en agua hirviendo, pero si no queréis perder tiempo utilizar el cuchillo. Esta última técnica tiene el inconveniente de que se oyen voces: ¡Quién ha dejado medio tomate pegado a la piel!





Ponemos aceite a calentar en la olla (grande y tirando a plana), o en la cazuela de barro si tenéis.




Doramos el bonito y lo reservamos.









En la misma olla ponemos la cebolla picada, y la pochamos (unos 5 minutos).





Añadimos el tomate, le damos unas vueltas, y lo aplastamos un poco con la espumadera.






Incorporamos las patatas. Como se incorporaban los quintos a filas.







Cubrimos con agua, un poco por encima de las patatas.






Salamos un poco. (¡Que difícil es hacer una foto con tu móvil a tu mano salada!)






Añadimos un poco del caldo del guiso al mortero y majamos el contenido.








Vertemos el contenido del majado en la olla.







Añadimos el laurel y la guindilla (ésta entera pero pinchada). La guindilla se puede apreciar dándose un remojón al lado de la hoja de laurel, es el punto rojo.





Se añade la pastilla de caldo.





Se deja cocer media hora a fuego lento, añadimos el pimiento, los guisantes, y el bonito, y lo dejamos otros diez minutos.
Durante el tiempo de cocción es recomendable aprovechar para ir limpiando todo lo que hemos usado, o nos arriesgamos a que la máquina de reñir propia nos recrimine la situación de la cocina y el despliegue de medios.












Finalmente obtenemos un plato digno de los paladares más exquisitos. No es mi caso, pero también vale para los paladares esos.



martes, 16 de julio de 2013

¿LA VUELTA?

Fin de semana en la costa. Noches asomado a la terraza, con las guedejas al viento, dejando vagar mi mente mientras en el horizonte se pierde la luz de alcance de un carguero.

El suave sonido del viento y las olas me transforman en el gran Von Karajan. Con mi mano libre doy entrada a los grillos, mientras con la otra me acerco el whisky a los labios. Las olas me relajan, la brisa me relaja, el whisky,..., el whisky también me relaja.

Poco tiempo, solo un fin de semana. Las baterías con una mínima recarga que se consume en parte en el viaje de vuelta. Un viaje que finaliza con una gran nube de humo, augurio de algún marrón en el trabajo.

He vuelto. Pero, ¿me he ido en realidad, o ha sido un sueño? 





video





viernes, 12 de julio de 2013

HÉLICES A LA BOLOGNESA HISPÁNICA

Viernes nuevo, receta nueva del tarao de los fogones.

Ésta es una receta que, manteniendo los valores de la infancia, evoluciona desde los macarrones a las hélices de colores. Como la canción "somos de colores..."

Vamos a asentar los conceptos primero. Las hélices son de pasta, son parecidas a los macarrones pero con forma de espiral. Que nadie las busque en una tienda de efectos navales.

Una vez aclarado este dato sin importancia, procedemos a la descripción del procedimiento químico científico que dará lugar a la versión moderna e hispánica de los macarrones bolognesa.

Necesitaréis:

Hélices (de pasta, insisto)
1 Bote de tomate triturado
1/2 kg de Carne picada mixta (ternera y cerdo)
1 cebolla mediana
Queso para gratinar
Orégano
Aceite
Sal





Ponemos agua a calentar en una olla, y cuando comience a hervir le añadimos sal y un poco de aceite para que no se pegue la pasta. La pasta es una especie muy violenta. 





Añadimos las hélices, y las dejamos cocer unos 10 o 12 minutos, según la pasta y el gusto de cada uno. Conviene dejarla sin terminar de hacer del todo porque luego le vamos a dar un toque de calor.






Una vez hecha la pasta la sacamos y la escurrimos, asustándola bajo el grifo de agua fría para que no se siga haciendo. Si os fijáis bien podéis ver la cara de acojone que tiene.






Ponemos un poco de aceite en la misma cacerola (así limpiamos menos luego).





Añadimos la cebolla y la dejamos pochar.





Acto seguido añadimos la carne, que previamente habremos salado. Le damos unas vueltas y dejamos que se dore un poco.




Vertemos el bote de tomate triturado y removemos.




Añadimos el orégano, un poco de sal, y una cucharada de azúcar para rectificar la acidez del tomate. Esta fase se calcula por el método ciéntifico empírico. Es decir, lo probáis, con cuidado de no quemaros la lengua, y cuando os guste el resultado paráis.





Removemos todo, y lo dejamos cocinar unos 10 minutos.  A continuación volvemos a añadir las hélices y mezclamos todo bien.


 



Vertemos el contenido de la probeta, digo de la olla, en una fuente para el horno, y cubrimos todo con el queso rallado.   




Encendemos el horno, en modo gratinado, y lo precalentamos a 180 grados unos 10 minutos. Pasado este tiempo introducimos la fuente en el horno, y la dejamos hasta que esté gratinado. A mi me gusta que quede churruscadito por encima, así al sacarlo queda una costra de queso por encima que está de cojón de mico, con perdón.

Y aquí está el resultado. Listo para que lo devoren las fieras de mis hijos, si yo les dejo algo.